Los oigenes del Mini British

Tras un tiempo dedicado casi en exclusiva a los grandes pilotos de la historia, quiero dejar la historia del Mini, una automóvil que revolucionó la manera de concebir el automóvil que fue un símbolo de su época, los años sesenta.

El Mini se convirtió en los años sesenta en un símbolo de la ruptura con las tradiciones, una especie de transposición a las cuatro ruedas del look moderno y agresivo que marcaba la escalada social de los jóvenes. Con su minúsculo cuatro ruedas fue junto con la minifalda, los Beatles, los coloridos trajes de Carnaby Street y las músicas que derivaban del rhythm`n’ blues, uno de los componentes fundamentales del Londres más pop de los años sesenta, cuando la ciudad británica era la capital de la juventud de Europa. El Mini nació a finales de los años cincuenta sin grandes esperanzas de éxito a juzgar por las críticas de los especialistas, quienes mostraron su recelo ante aquel diminuto coche que rompía en mil pedazos las reglas tradicionales de la construcción de automóviles. Hasta ese momento, para los constructores británicos los conceptos pequeño y bonito habían sido completamente incompatibles. La idea del utilitario de ciudad respondía por aquel entonces a los “bubble cars”, vehículos a menudo de tres ruedas, con asientos en tándem y acceso frontal al interior.

El origen del Mini también se debería a la escasez de combustible que se vivía en 1956, por la Crisis de Suez, que provoco la reducción del suministro de petróleo y a su vez esto llevó a la reintroducción del racionamiento de gasolina. Estas medidas provocaron que las ventas de los grandes automóviles cayeran, y se incrementaron en gran número la venta de automóviles de reducidas dimensiones, que eran en su mayoría de origen alemán. Lo que provocó la rápida reacción de Leonard Lord, por entonces administrador delegado de la British Motor Corporation, que encargó a Alec Issigonis, un genial proyectista de orígenes griegos y turcos que realizase un coche con unas características marcadas por el propio Leonard Lord, el cual marcó unos requisitos básicos en el diseño, ya el coche debería caber en una caja que midiera 3,0×1,2×1,2 m, el habitáculo de los pasajeros debería ocupar 1,8 m de los 3,0 m de longitud y el motor, por razones de coste, debería ser un modelo preexistente.

Los comienzos del Mini sería diseñado como proyecto ADO15 (Austin Drawing Office project number 15, “Proyecto número 15 de la Oficina de Diseño de Austin”), Issigonis, que tiempo atrás había trabajado para el también fabricante ingles Alvis y habían sido contratado por BMC en 1955 para desarrollo de vehículos pequeños, por lo que era la persona ideal para la tarea debido a que ya tenía cierta experiencia en el diseño de automóviles de pequeño tamaño, debido trabajado en el proyecto del Morris Minor. El equipo que diseñó y desarrollo el Mini era pequeño: además de Issigonis, estaban Jack Daniels, que había trabajado con Issigonis en el proyecto del Morris Minor, Chris Kingham, antiguo compañero de su época en Alvis, además de dos estudiantes de ingeniería y cuatro delineantes. Para Octubre de 1957, tras tan solo ocho meses de trabajo, ya se había diseñado y construido el prototipo original, que fue apelado como ‘la caja naranja’ por su color.

El prototipo tenía unas características constructivas totalmente revolucionarias, como la suspensión independiente mediante conos de goma compactos en lugar de los muelles habituales. Esto conllevaba un comportamiento seco y rígido, aunque inicialmente se habían pensado en un sistema de suspensiones que empleaba un sistema de fluidos interconectados, pero debido al escaso tiempo de desarrollo del coche, fue descartado aunque el sistema seguiría su desarrollo para emplearse posteriormente en los Austin 1100. Las suspensiones por conos de gomo fueron el aporte creativo de un gran amigo de Issigonis, Alex Moulton, un genio innovador en este campo.

Otro apartado constructivo realmente innovador es que el ADO15 a pesar de que empleaba el motor BMC Serie A de cuatro cilindros con refrigeración por agua, se apartaba del tradicionalismo al ir montado transversalmente, en lugar de longitudinal como era habitual en la época. Además de una caja de cambios de cuatro velocidades lubricada con el aceite del motor y que iba situada bajo el motor. Otro elemento innovador seria el empleo de la  tracción delantera. Hasta tal punto fue un automóvil innovador en su época que hoy en día todos los automóviles de tracción delantera desarrollados usan una configuración similar al Mini. El radiador se montó en la parte izquierda del coche, de modo que el ventilador montado con el motor pudiera mantenerse, pero con sentido inverso. Esta configuración tenía la ventaja de que ahorraba tamaño al motor, pero tenía desventaja de que provocaba un cierto sobrecalentamiento ya que el aire que entraba en el radiador ya se había calentado al pasar por el vano del motor. Para ahorrar costes laborales, el coche se diseñó de modo que las uniones de soldadura son visibles desde la parte externa del coche, hacia la parte baja del pilar A y entre el cuerpo y el suelo de la carrocería. Para simplificar la construcción, el coche tenía bisagras externas en las puertas y en el maletero.

En el interior del Mini también se estudió hasta el último detalle para poder optimizar el espacio disponible al máximo. Detalles  como ventanillas corredizas en las puertas, que permitían la existencia de huecos para poder dejar pequeñas cosas, en el lugar donde debería haber estado el mecanismo de la ventanilla. Cuentan la leyenda que el propio Issigonis calculó el tamaño de los huecos para poder guardar una botella de su ginebra favorita. Otro detalle que destapa esto, es la tapa del maletero que fue diseñada con las bisagras hacia abajo para que el coche pudiese circular con la tapa abierta y así incrementar el espacio para el equipaje, tanto es así que en las primitivas versiones, la matrícula también tenía bisagras, de modo que cayera para permanecer visible mientras la tapa del maletero estaba abierta. Todas estas innovaciones hicieron del Mini un automóvil con dimensiones mínimas pero con espacio maximizado para pasajeros y equipaje.

Tras recorrer miles de kilómetros por las carreteras británicas y el 26 de agosto de 1959, superadas todas las pruebas, se presentó oficialmente el Mini. La primera unidad tenía un motor de 848 cc y 34 Cv y se introdujo en el mercado con dos nombres: Austin Mini Seven y Morris Mini Minor, pues su comercialización se confió a Austin y a Morris, dos de las marcas propiedad de la BMC. Los modelos de producción se diferenciaban de los prototipo en la adición de submarcos delantero y trasero a la estructura autoportante para recoger las cargas de suspensión, así como en el giro del motor, situando el carburador en la parte trasera en lugar de en el frontal. Esto provocó la necesidad de establecer un engranaje extra entre el motor y la transmisión para revertir la dirección del motor. Haciendo que este engranaje reductor tuviera un efecto beneficioso el de reducir las cargas a las que se veía sometida la caja de cambios y así prever el rápido desgaste del sistema de sincronización de la caja de cambios que había sido un problema presente en los primeros prototipos. Además de que tener el carburador en la parte trasera del motor ayudó a reducir los problemas de congelación que se pudieran presentar en el carburador, pero como contrapartida esto también provocó una sobreexposición del distribuidor al agua que entraba por la parrilla. Otro apartado que se modificó fue la mecánica, pues la cilindrada del motor se redujo de 948 a 848 cc. Además de que se redujo la velocidad de loos 145 Km/h que era por aquel entonces  excesiva a unos más razonables 116 km/h. Ademas de que el Mini inicialmente estaba equipado con ruedas de 10 pulgadas, que fueron desarrollarse en exclusiva para este nuevo modelo, siendo finalmente Dunlop el que se llevase el contrato inicial.

A pesar del optimismo del directos del proyecto, Leonard Lord, un hombre que solía afirmar que “cuando construyes coches terriblemente buenos, la última preocupación que tienes es la de venderlos”, la acogida del público no fue exultante y durante algún tiempo el modelo a pesar de su precio accesible, estuvo destinado a atraer solo el interés del segmento medio alto de la población británica, un sector poco interesante para una firma que pretendía conquistar el mercado de la motorización en masa. Pero fue sólo un mal comienzo que no perjudicó a la larga al proyecto, pues al poco tiempo el Mini se puso de moda y se transformó en un gran éxito comercial, convirtiéndose en un símbolo de la revolución generacional de los años sesenta.

Con el acuerdo entre la BMC y la escudería de Fórmula 1 John Cooper dio vía libre a la producción del Mini Cooper, una versión deportiva diminuta pero de aspecto agresivo fruto de unos acabados que incluían llantas de aleación y accesorios destinados a la competición. Las principales victorias de este modelo en el Rally de Montecarlo en 1964, 1965 y 1967 y los resultados conseguidos en centenares de carreras y pruebas deportivas hicieron entrar la Mini en la historia del automóvil de competición.

No contento con estos éxitos deportivos, el Mini se atrevió también con otras versiones más especiales buscando a públicos más específicos, como el Wolseley Hornet o el Riley Elf, que eran una variante tres volúmenes del Mini para permitir una mayor capacidad de carga y un aspecto de automóvil mucho más tradicional. Este estaba destinado a personas con mayor nivel adquisitivo y con gustos más refinados. Las grandes diferencias estaban en que cada uno utilizaba la calandra característica de la marca además de estar equipadas con unos tapacubos más grandes que el Austin, más cromados en el exterior como los paragolpes manillas de las puertas, además de lujosos interiores en los que sobresalía el clasicismo británico con salpicaderos en madera o tapizados en madera, sería el Riley Elf la versión más cara y lujosa de las dos. Inicialmente ambos estaban equipados con el motor de 848 cc y posteriormente sería sustituido por el motor de Mini Cooper.

Otras de las serian ms características sería el Austin Mini Countryman y el Morris Mini Traveller, ambos fueron desarrollados sobre el mismo chasis del Mini pero alargado para la ocasión. Los modelos de lujo estaban decorados con inserciones en madera en la parte posterior al estilo de los grandes “Rubias” americanas de los años 50. Otra variante sería el Mini Van, construido sobre el mismo chasis que el Traveller o el Coutryman pero al contrario que estos no tenía ventanas laterales, tuvo un gran éxito en Gran Bretaña debido a que era una manera barata de tener un pequeño vehículo comercial. La versión Pick-Up estaba basada en la misma plataforma que el Mini Van solo que esta variante tenía una pequeña caja en la parte trasera donde poder situar la carga. La variante más característica seria el Mini Moke, que sería presentado el verano de 1964. Se trataba de un modelo inusual, un todoterreno que parecía inspirado en el Jeep del ejército americano. El Mini Moke fue el fruto de un proyecto destinado a suministrar a las fuerzas armadas de la OTAN un vehículo “de bolsillo” que se pudiera lanzar en paracaídas desde un avión de las zonas de guerra. Finalmente el acuerdo de llegó a buen puerto por motivos comerciales, pero la BMC decidió no tirar por la borda todo el trabajo y la producción del Moke obtuvo salida en concesionarios como los de Australia o Portugal.

La anécdota más curiosa del legendario Mini corresponde a su nombre. En un principio el automóvil proyectado por Alec Issigonis fue bautizado como “ADO 15”, pero el nombre no acababa de convencer a los responsables del proyecto. La involuntaria artífice del mote fue la esposa de un joven ingeniero del equipo de Issigonis quien, al ver por primera vez al misterioso modelo en las dependencias de Longbridge, exclamó sorprendida: “Que Mini que es!”. La frase impactó al grupo de proyectistas puesto que en una palabra sintetizaba eficazmente todos los valores expresados por el vehículo. El ADO 15 se convirtió así en el Mini, terminó que se puso de moda e incluso llegó a inspirar otro de los grandes inventos ingleses de la década de los sesenta: la revolucionaría minifalda.

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